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Lawson y Tsunoda rebaten a Verstappen: los F1 de 2026 no devalúan el pilotaje
Liam Lawson y Yuki Tsunoda rechazan la tesis de Max Verstappen de que los coches de 2026 diluyen el talento al volante, defendiendo su rápido ritmo como sustitutos frente a la idea de que son insensibles al piloto.
Por Nadia van Leeuwen - 2026-09-10T16:26:52.000Z - 4 min de lectura
Lejos de aceptar con resignación las críticas de Max Verstappen al reglamento de 2026, Liam Lawson y Yuki Tsunoda salieron al paso de la sugerencia de que su reciente ritmo fuera mero producto de monoplazas anestesiados. La controversia estalló después de que el cuatro veces campeón del mundo afirmara ante la BBC que la maquinaria moderna ha mermado la influencia de la destreza al volante, citando la rápida adaptación de sus compañeros en Red Bull para justificar su postura. Para Lawson y Tsunoda, sin embargo, dominar los monoplazas actuales dista mucho de ser sencillo.
En una entrevista con la BBC, Verstappen lanzó duras críticas contra las unidades de potencia contemporáneas de la Fórmula 1, insistiendo en que han despojado a las carreras del desafío de pilotaje puro que tradicionalmente premiaba la valentía en pista. En épocas anteriores, argumentó el neerlandés, el tiempo por vuelta se obtenía frenando lo más tarde posible, acelerando antes que nadie y atacando al límite las curvas de alta velocidad. Con la normativa actual, afirmó, los pilotos se ven obligados a comprometer la entrada a las curvas levantando el pie, frenando antes o retrasando la aceleración únicamente para conservar la energía de la batería de cara a la velocidad punta en recta.
Para respaldar su argumento, Verstappen señaló directamente a las actuaciones de sustitución realizadas en Red Bull y Racing Bulls. Sin intención de faltar al respeto, apuntó que Tsunoda demostró ser competitivo de inmediato a pesar de no haberse subido nunca antes a ese chasis, mientras que Lawson pasó de Racing Bulls directamente al equipo principal de Red Bull con idéntica rapidez. Esa capacidad de adaptación inmediata demostraba, a juicio de Verstappen, que los habitáculos modernos se han vuelto insensibles a las acciones individuales del piloto, permitiendo a los reemplazos alcanzar umbrales de alto rendimiento sin la histórica curva de aprendizaje.
Al responder a esas afirmaciones en declaraciones recogidas por Crash.net, Lawson rechazó la idea de que la última generación de monoplazas suponga una tarea más fácil. Aunque el neozelandés admitió que los complejos mapas de energía pueden dejar ciertos elementos fuera del control directo del piloto, remarcó que gestionar dichos sistemas resulta intrínsecamente complicado. Habiendo saltado él mismo de un chasis a otro, Lawson subrayó que solo los pilotos obligados a adaptaciones repentinas a mitad de temporada comprenden en su totalidad los obstáculos operativos que ello implica.
Profundizando en las realidades técnicas, Lawson reconoció que las mayores diferencias de rendimiento entre equipos este año podrían dar a observadores externos la impresión de una transición sin esfuerzo. Dentro del garaje, el panorama es mucho más complejo. Lawson explicó que pasó las últimas semanas lidiando con un comportamiento del coche que divergía drásticamente de las preferencias forjadas durante los últimos dieciocho meses, lo que le obligó a adaptar su estilo de conducción a peculiaridades que ni siquiera quedaban reflejadas en las hojas de telemetría.
Tras sumar un punto en Monza, Tsunoda adoptó una postura más distante frente al debate. El piloto japonés terminó décimo en pista en el Gran Premio de Italia y trató las declaraciones del campeón del mundo prácticamente como mero ruido de fondo. Aunque admitió que la gestión de energía le impidió atacar al máximo en determinados sectores de Monza, Tsunoda recalcó que su rendimiento a lo largo de dos participaciones en carrera fue un mérito individual que habla por sí solo.
Detrás de la controversia subyace una dinámica competitiva forjada por el historial que comparten en Milton Keynes. Según informó Motorsport.com, Tsunoda fue compañero de equipo de Verstappen en Red Bull durante el campeonato anterior, finalizando decimoséptimo en la clasificación mientras que el neerlandés se adjudicaba el subcampeonato. Tras perder su asiento titular para la temporada 2026 y pasar al rol de reserva, volver a ponerse al volante de monoplazas competitivos para obtener resultados inmediatos era vital para ambos pilotos suplentes, al margen del desdén filosófico de su antiguo compañero hacia el reglamento actual.
Entre un tetracampeón frustrado por los límites artificiales al pilotaje y dos reservas que luchan por su carrera, la fractura deja al descubierto una tensión no resuelta en el automovilismo de gran premio moderno. Verstappen vislumbra una fórmula reglamentaria en la que las maniobras de 'lift and coast' y la recuperación eléctrica de batería enmascaran el talento más puro de la parrilla. Lawson y Tsunoda, por contra, ven su rápida integración como una prueba ganada a pulso de capacidad de adaptación en un entorno operativo implacable. Ambos bandos parten de idénticas realidades técnicas, pero llegan a veredictos opuestos sobre si el rendimiento actual lo gobierna el piloto o la unidad de potencia.